El protocolo de la Misericordia

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Vamos caminando por la vida llenos de egoísmo e indiferencia hacia los demás. Confundimos los actos de amor, con reglas y protagonismos. En ocasiones ni siquiera sabemos qué hacer cuando se nos acerca un indigente o cuando vemos a un herido en la calle.

Miércoles 23 de marzo de 2016 | Lucía Zamora

"En ti vemos a la Iglesia, en la que sí creemos". Palabras de una jovencita al Papa en su visita a México. Seguramente esta frase la pronunció al ver a nuestro querido Francisco romper formas, técnicas y protocolos simplemente para estar cerca de su gente. No pide permiso para obsequiar un abrazo a un reo; disfruta comer junto a sus trabajadores; las rutas no le impiden detenerse en un campo de refugiados latinoamericanos; ha lavado los pies a una jovencita Musulmana en un jueves Santo.

Detalles que poco a poco han ido regresando la credibilidad a nuestra Iglesia. Actos de humildad y de misericordia, donde no cabe la burocracia, donde Francisco al igual que algunos otros sacerdotes, religiosas y laicos actúan simplemente por amor a Dios. Sin papeleo sin días de restricción y sin lineamientos.

Las palabras de esta joven mexicana nos brincaron a más de uno en el corazón. Hablaron por todas aquellas personas que en el camino del "Apostolado" fuimos descubriendo con tristeza como en ocasiones se le llaman "protocolo" al orgullo, la soberbia y a la envidia. Deteniendo los actos más grandes de amor que cualquier persona pueda ofrecer. Pasa en los hospitales, asilos, asociaciones y en la misma Iglesia. El papeleo, los permisos, y formulismos nos quitan la oportunidad de encontrarnos con el rostro de Cristo. Tristemente es así como nace en nosotros, lo que el Papa justo pedía a los jóvenes evitar....¡la resignación!

En México, la adoración a la "santa muerte" (venerada por los narcotraficantes y asesinos) va en aumento en las comunidades más pobres. Por su ignorancia, la gente se dejan manipular creyendo que esto también es de Dios. No sé exactamente que hace la Iglesia respecto a esto, lo que me sorprende es como algunos sacerdotes y laicos católicos, al ver llegar a alguien con toda la intención de dar un buen consejo o enseñar al que no sabe, precisamente para evitar esta barbaridad, poco a poco le obstaculicen el camino con lo mismo de siempre.... ¡reglas y estatutos! y porque no decirlo... ¡territorios bien marcados! Al final, el demonio gana terreno, con la sutil herramienta del protocolo.

Estoy de acuerdo que existen normas de seguridad y sanidad que deben ser muy bien cuidadas; pero hay cosas tan sencillas, como obsequiar nuestro conocimiento a aquellos que viven en la ignorancia, sin necesidad de pertenecer o no, a tal o cual Parroquia, o a tal o cual grupo. La gente necesita ayuda material y espiritual. Y el camino para poder servir se convierte en un peregrinar lleno de obstáculos... que si se tiene el conocimiento en alguna materia en especial; que si ya se hablo con la máxima autoridad del lugar; que si tiene o no el logotipo del movimiento; que si en la publicidad va o no a la Mater o alguna imagen en especial etc. Necesitamos confianza y un poco de consideración hacia los demás. Otra cosa que tampoco entiendo, es lo de la clasificación de apostolados. Que si es personal o de rama. Si es de la rama... nos acercamos y apoyamos; pero lo que haga fulanito en su tiempo libre con los migrantes, reos o enfermos, no nos interesa, o bien.... pongo mis condiciones: -si es tal día sí, pero no más de una hora, porque mi tiempo de ayuda en la semana tiene un límite. Qué triste.

Vamos caminando por la vida llenos de egoísmo e indiferencia hacia los demás. Confundimos los actos de amor, con reglas y protagonismos. En ocasiones ni siquiera sabemos qué hacer cuando se nos acerca un indigente o cuando vemos a un herido en la calle. Hay confusión y dudas porque los pasos a seguir no los tenemos a la mano, no sabemos si está bien o mal, ¡la norma dice otra cosa! El protocolo de tener que actuar de tal o cual forma, va limitando poco a poco nuestra voluntad. El miedo de recibir un regaño o pero aún...¡un castigo! va creciendo en nuestra mente imposibilitando la generosidad más grande que un hermano pueda tener hacia otro.

Jesús murió por cada uno de nosotros. Sin conocernos, dejó fluir con dolor su sangre. Nunca le puso condiciones a su Padre, ni dejó instrucciones a sus Apóstoles para que sirvieran y ayudaran a determinadas personas. Simplemente se entregó por y con Amor. Hay mucho que aprender de Él. No es nada fácil... cuesta trabajo, creemos que solamente el "estar" es importante, pero es mucho más importante el "ser" y para esto, hay que pedir la gracia de la fe, porque será solo así que nuestras acciones tomen un valor incalculable para Dios.

Vamos haciendo lío como dijo el Papa. No dejemos que el miedo ate manos y pies para encontrarnos con el Rostro de Jesucristo. Él ve nuestro interior y sabe cuáles son realmente nuestras intenciones y si son puras y ricas en amor, Él se hará cargo y estará siempre de nuestro lado.

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