Y... ¿Después de la Alianza?

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Hace más de tres años, iniciamos un apostolado con mujeres de la periferia, las cuales están por sellar su Alianza de Amor. En este tiempo hemos visto un gran cambio en ellas; poco a poco han ido adquiriendo una personalidad llena de María y llena de Schoenstatt.

Lunes 1 de agosto de 2016 | Lucía Zamora

¿Qué ha pasado desde aquel día, en el que sellamos nuestra Alianza de Amor con María? ¿Hemos estado atentos?...

Hace más de tres años, iniciamos un apostolado con mujeres de la periferia, las cuales están por sellar su Alianza de Amor. En este tiempo hemos visto un gran cambio en ellas; poco a poco han ido adquiriendo una personalidad llena de María y llena de Schoenstatt; su "fe" se fue transformando en una "fe" practica y el capital de gracias se convirtió en la ofrenda de amor de todos los días. A nosotros nos parece normal porque ya lo hemos vivido y lo seguimos viviendo, pero cuando te encuentras en un lugar donde los usos y costumbres del Pueblo están tan arraigados, pareciera imposible inculcar los nuestros sin despojarlos de los suyos.

Les platico esto, porque a pesar del tiempo transcurrido con estas señoras, mi mirada no alcanzaba a apreciar lo que realmente estamos haciendo, pero hace dos semanas, murió una de estas lindas mujeres. Estuvimos presentes en su agonía, en su funeral y en sus Rosarios, y a pesar de la tristeza, fue una alegría poder acompañar a la familia en sus costumbres y rituales, los cuales practican desde antes de morir y en el proceso del duelo. Fueron momentos llenos de Dios.

Después de esta experiencia, se me vinieron algunos recuerdos a la cabeza, recuerdos de todo aquello que ha sucedido después de mi Alianza de Amor con María. Pareciera que no ha pasado nada, que la vida sigue igual, que los años, meses ó días transcurridos se han quedado simplemente guardados en una linda fotografía ó una sencilla medalla, sin embargo, he llegado a lugares que tal vez nunca hubiera conocido; he tenido la bendición de conocer a lindas personas desde lo más profundo de su corazón, y entre otras cosas, me ha dado la oportunidad de estar escribiendo para ustedes. No sé si llamarlas encomiendas o ¡bendiciones!, pero qué bonitas son...

Bendito sea Dios por todo esto.

Viviendo nuestro Ideal Personal podemos distinguir el llamado o la misión por la cual hemos llegado a este mundo. No es el mismo para todos, hay quienes tienen una dura tarea, otros muy ligera, pero todos tenemos alguna, hay que descubrirla y trabajarla sin dejar que se enfríe el entusiasmo, ni permitir que se paralicen las intenciones ó que se empañe la fe y el amor. Si algún día esto sucediera, es momento de mirar atrás y darse el tiempo para recordar todo aquello que María nos ha confiado, lo que ha puesto en nuestras manos simplemente porque cree en nosotros. No solamente en el "Sí" que le ofrecimos, sino en el "Sí" que Ella nos ofreció. Dejemos atrás los malos momentos y las dificultades, porque si persisten en la mente... ¡ya perdimos! pues así es como el demonio mete la cola... ¡en el desánimo!
Seguiremos encontrando a personas a las que no les guste nuestro trabajo, seremos criticados y de alguna manera hasta castigados, pero no podemos bajar las manos y quedarnos sentados a esperar que las cosas cambien cuando nosotros somos el cambio. Recordemos la vida del P. Kentenich, todos los obstáculos que encontró y venció, para después lograr lo que nadie pudo imaginar... ¡Un movimiento de cambio!

No echemos a la basura todo este esfuerzo de nuestro fundador y toda esta confianza que viene de Dios hacia nosotros, con la tibieza de nuestros actos, con la sed de querer brillar opacando el mismo corazón. Somos schoenstattianos, pertenecemos a un movimiento "apostólico" que nació en la guerra y subsiste en ella, la cual en ocasiones parece que ganar la batalla, ocupándonos solo de nosotros mismos, y trabajando simplemente para vanagloriarnos.

Tengamos siempre presente que hagamos lo que hagamos por los demás, no es para un movimiento, es para Dios. La Obra del P. Kentenich está hecha para Él, para formar apóstoles que glorifiquen Su nombre, y cuando tengamos esto bien grabado en el corazón, la Alianza de Amor con María, reflejará la verdadera Misericordia de Dios a través de cada uno de nuestros actos.

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