¿Somos o no somos apóstoles?

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Ningún schoenstatiano que se refugie en la dimensión del ser cristiano puede sentirse que está cumpliendo con nuestra misión, porque con eso solo se realiza como un buen cristiano. Como dice el Concilio y Pablo VI, el apostolado implica un acto de “caridad”, de salir de uno mismo, de darle tiempo, de renunciar a cosas legítimas por esta misión.

Viernes 5 de agosto de 2016 | Patricio Young

Dado que somos un movimiento apostólico, éste tiene que ser un ámbito de gran comprensión por parte de todos quienes formamos parte de esta familia. ¿Nuestro Apostolado se limita a ser buenas personas? ¿Asumimos como apostolado lo que viene, lo que nos ofrecen, cualquier cosa?

La palabra apostolado, proviene del griego apostoloi que significa enviado. Hace referencia al llamado de Jesucristo a los apóstoles para que continúen con su propia misión: anunciar el reino de Dios por todo el mundo. "Como el Padre me envió, también yo os envío" (Juan 20, 21); "embajadores de Cristo" (2 Corintios 5, 20), "servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios" (1 Corintios 4, 1). 
El apostolado forma parte de la naturaleza de la vocación cristiana. Estamos llamados a propagar el Reino de Cristo por toda la tierra.

El Concilio Vaticano II nos va enmarcando mejor el significado del Apostolado: “Todo el ejercicio del apostolado nace de la caridad y de ella adquiere sus fuerzas, pero algunas obras, por su propia naturaleza, son aptas para ser la expresión viva de la misma caridad: Cristo Señor quiso que fueran señales de su misión mesiánica (cf. Mat. 11, 4-5)”. Concilio Vaticano II Apostolicam actuositatem.

Para Pablo VI “la caridad, es como el alma de todo apostolado” (Sobre el apostolado de los laicos. Pablo VI)

En la visión de nuestro padre fundador, se señala que el Apostolado implica dos grandes dimensiones; el del ser y el del actuar.

El Apostolado del Ser, “es lo que antiguamente se llama el apostolado del buen ejemplo. Para el P. Kentenich se trata del apostolado del testimonio de la vida, la vida encarnada. la vida vivida” “La autosantificación es lo que garantiza que el apostolado pase a ser transmisión de vida y por eso sea fecundo. No se puede transmitir una vida que no se tiene”. (Padre Humberto Andwandter, Primer Encuentro Panamericano de la Federación de Familias, 1997)

El apostolado del actuar puede ser de palabra y de hechos, de acciones; apostolado como acción apostólica, sea testimonio de palabra o testimonio de obras; como complemento, y no como alternativa” (Padre Humberto Andwandter,1997)

Si lo miramos con la debida rigurosidad, al primero debiéramos precisamente señalarlo como el Apostolado del ser cristiano, ya que nos marca la coherencia de vida con nuestra fe. Es por lo tanto propia de todo bautizado. Ahora, nunca se puede señalar independientemente el apostolado del ser y del actuar, sino ambos van necesariamente juntos. “No es una alternativa: o la santidad o el apostolado; preocuparse más de la santidad o más del apostolado. La santidad es el primer apostolado; no es el único ni el exclusivo. Pero su sentido es precisamente la acción apostólica.”  (Padre Humberto Andwandter,1997)

En definitiva, en los dos ámbitos del apostolado se juega nuestra misión de Schoenstatt; la construcción del hombre nuevo en una nueva comunidad. Quienes somos miembros de esta familia estamos por lo mismo llamados a realizar este apostolado en toda su dimensión.

Es preciso tener presente que cuando decimos centrarnos en nuestro apostolado del ser cristiano, que se expresa principalmente en la realidad de la vida diaria y que por lo mismo afecta todas las dimensiones propias de esa realidad (padre, hermano, hijo. trabajador, jefe, etc,etc.), no estamos haciendo nada diferente que lo que debe hacer todo católico. Buscar la santidad.

Pero si somos miembros de Schoenstatt, ahora asumimos un desafío mayor; “transformar el mundo”, lo que naturalmente se construye a partir del testimonio de vida, pero que también requiere un hacer, un construir las bases de una nueva realidad país, realidad mundo, en todos sus ámbitos.

Es allí donde adquiere sentido el “envío” que Cristo hace a sus apóstoles. Los envía a predicar el evangelio en todas las latitudes para hacerlo realidad y encarnarlo en el mundo. Nunca les dijo, sean buenas personas y lo demás se realizará por consecuencia. Les pidió y les elaboró incluso un pequeño plan pastoral para que salieran a conquistar al mundo.

Por lo tanto, ningún schoenstatiano que se refugie en la dimensión del ser cristiano puede sentirse que está cumpliendo con nuestra misión, porque con eso solo se realiza como un buen cristiano. Como dice el Concilio y Pablo VI el apostolado implica un acto de “caridad”, de salir de uno mismo, de darle tiempo, de renunciar a cosas legítimas por esta misión.

En definitiva, nuestra diferencia está en el hacer, en el actuar. Allí se juega nuestro ser Schoenstatiano. Para ello tenemos que discernir en función de la misión de Schoenstatt. ¿Cuál es el apostolado donde mejor podría ayudar a transformar la realidad que me rodea en el sentido de Schoenstatt? Pero Schoenstatt no es un camino individual, es con otros y para otros. Es por eso que formamos parte de un grupo y una comunidad determinada, que tiene ideales propios. ¿Cómo mi apostolado se inserta en los ideales de mi comunidad? Por último, éste debe ser una respuesta que nace desde mi ideal personal ¿qué es lo que yo puedo aportar desde mi originalidad?

Después de seguir este discernimiento constatamos que es el camino querido por Dios, no es solo mi voluntarismo. Por algo hemos hecho este camino en Schoenstatt y con una comunidad determinada. Nada es casualidad, todo es causalidad.

Naturalmente que cuando compartimos este discernimiento con otros, nos enriquecemos enormemente. El paso siguiente es unirnos y coordinarnos con quienes hacen el mismo camino. Schoenstatianos de otras ramas o comunidades. Aquí sigue existiendo un gran vacío en nuestra familia que espero sea subsanado con la mayor prontitud

Siempre será más cómodo quedarnos en nuestros espacios vitales y justificarnos solo en el ser un buen cristiano, aun cuando el buen cristiano sea indivisible de esta tarea de llevar a Cristo al mundo, para hacerlo mejor. “Necesitamos laicos que se arriesguen, que se ensucien las manos, que no tienen miedo de cometer errores, que se pongan en marcha. Necesitamos laicos con visión del futuro, no encerrados en las pequeñas cosas de la vida.” (Papa Francesco a la asamblea plenaria del pontificio concejo para los laicos, 17 de junio 2016)

Como schoenstatianos, cuando debamos tomar una decisión en torno a nuestro apostolado, debemos hacerlo teniendo muy presente nuestra misión y el carisma de Schoenstatt y no podemos dejar de recordar lo que nos dice nuestro padre: “Queremos realizar nuevamente la aventura de Colón: construir un nuevo mundo y colocarlo a los pies de Dios. Queremos participar en la gran misión de la Santísima Virgen para el tiempo actual.” PK. De Semana de Octubre – 1967.

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