Lo que solo Dios ve

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El ser humano por naturaleza, anhela ser reconocido por sus acciones. Nos gusta sentirnos vistos y admirados. Y en esta búsqueda es muy fácil perder nuestra integridad.

Martes 30 de agosto de 2016 | Lucía Zamora

Estos juegos olímpicos nos dieron la oportunidad de conocer historias de vida a través de logros, caídas, lágrimas y triunfos. Descubrimos lo que hay en los corazones y en el alma de quienes han encontrado a Dios en medio de tanto esfuerzo. Pues no se puede concebir la idea, de que uno de estos deportistas haya llegado hasta el podio sin haberse encontrado antes con Él. Además, descubrieron el poder que tienen las pequeñas y grandes acciones que realizan, cuando solo están en la presencia de Dios.

¿Hasta dónde se refleja todo aquello que hacemos cuando nadie nos ve? Estos deportistas son un ejemplo de ello. Nosotros solo vemos el resultado de años de preparación, el cual, queda tras bambalinas. Nadie se puede imaginar todo lo que han hecho por estar en las Olimpiadas ó cuantas tentaciones han logrado vencer para poder "triunfar".

El ser humano por naturaleza, anhela ser reconocido por sus acciones. Nos gusta sentirnos vistos y admirados. Y en esta búsqueda es muy fácil perder nuestra integridad. Podemos ser honrados, honestos, serviciales, pero en el momento que la vanidad y el ego pican en la piel, no hay otra cosa que sea más importante que figurar, pasando por sobre todo aquello que se ha ido cultivando a través de los años...la confianza, la humildad, el respeto y el verdadero amor.

Queriendo ser más que los demás, nos vamos opacando interiormente y desquebrajamos nuestro ser integro. Pero cuando vencemos esta terrible necesidad, dándole el lugar a quien le corresponde, se llega al triunfo verdadero, al podio, al ¡Oro! y es cuando se puede ver de frente, sin agachar la mirada por la vergüenza del engaño o la traición. Y estas cosas nadie las ve, solo Dios está presente y las reconoce, regalando Él mismo, la medalla del agradecimiento, transformando esas ganas de querer "estar" por las de querer "ser" y esto es mucho más gratificante que ni todo el oro del mundo.

Vivimos queriendo ser reconocidos aquí en la tierra, y en ocasiones cueste lo que cueste lo logramos. Sin embargo, cuando vencemos la sed del protagonismo, llega el verdadero reconocimiento... el reconocimiento que viene de Dios, porque solo Él es testigo, de estos detalles de esfuerzo y humildad que somos capaces de hacer sin la necesidad de que alguien nos vea. Realmente no son detalles...¡son grandes actitudes!

Son instantes donde se confrontan el bien y el mal, dejando a la voluntad actuar, liberando nuestras virtudes o dejándolas en el cajón de la inconsciencia.

Aquí está el reto... Mantener una voluntad firme en la confianza y en el amor sincero. Dedicaremos tiempo y esfuerzo, y en algún momento Dios reclamará lo que es suyo y lo hará brillar, no solo porque es lo que queremos, lo hará porque sabe que viene verdaderamente del corazón, y cuando así sea, es porque habremos logrado vencernos a nosotros mismos en la intimidad de nuestro ser, sin miradas ni alardes, solo ahí, donde Él vive... en el corazón.

Así como algunos deportistas, que en algún momento de su vida, han estado en la disyuntiva de decir sí ó no al dopaje, sí ó no al esfuerzo, nosotros también enfrentamos dilemas similares ante los ojos de Jesús y de nadie más. Y es cuando debemos vencer nuestra pobreza para poder mantener firme la mirada, sin el temor de ser rechazados y con la certeza de estar resguardando nuestra Integridad, con la fuerza del Espíritu Santo, que solo puede venir de la mirada de Dios.

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