Cincuenta años de Alianza - Testimonio - Enero 1967 -Enero 2017

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"Mi vida no es posible entenderla sin lo vivido en esa fecha. Todo absolutamente todo, se lo debo a esa Alianza que llenó de sentido mi vida, en el seguimiento de Cristo".

Martes 3 de enero de 2017 | Patricio Young M.

Queridos lectores, quiero compartir hoy, la experiencia personal más importante de mi vida. Mi alianza de amor celebrada el 1 de enero de 1967.

“Mater, que hubiese sido mi vida sin ti, sin tu cuidado maternal”.

Recuerdo cuando ese día junto a Beto Salgado y Germán Sepúlveda, con el joven Padre Francisco García Huidobro nos embarcamos en un Andes Mar Bus que se demoraba 3 horas de viaje de Valparaíso a Santiago, dado que el único Santuario de entonces era el de Bellavista. Hicimos  un viaje relámpago de ida y vuelta en un día, después de una noche que no se durmió.

Germán, oficial de marina se embarcaba el día 2 y por lo mismo no podía dilatarse la fecha.

Bueno, pero más allá de lo anecdótico, de todo lo que rodeó a ese acontecimiento, lo claro es lo que ha significado en nuestras vidas. Beto después de recibirse de abogado, optó por el Sacerdocio en la comunidad de los Padres, Germán hiso su carrera en la marina y en esa etapa viajó mucho y yo, al año siguiente, comencé a pololear con Manena cinco años después, formaba mi familia con ella.

Mi vida no es posible entenderla sin lo vivido en esa fecha. Todo absolutamente todo, se lo debo a esa Alianza que llenó de sentido mi vida, en el seguimiento de Cristo.

Es cierto, la realidad del Schoenstatt de entonces era muy distinta a la de hoy. Éramos un movimiento casi proscrito por la Iglesia con un padre desterrado en Milwaukee y ser schoenstatiano, no era bien mirado. Por lo mismo, nos sentíamos en la avanzada de la Iglesia, disonantes con el establishment de entonces. Pero por sobre todo con una tremenda consciencia de misión. Estábamos abrazando una causa grande, un camino difícil, pero que al final, gracias a la Alianza de Amor, íbamos a transformar el mundo. Ni más, ni menos. Agradezco infinitamente a Dios por el tiempo que me tocó vivir.

Recuerdo que la generación que me recibió, marcó mi vida con un fuego indeleble, con una frase lacerante y dura. “Estamos para asumir un camino heroico porque si queremos transformar el mundo, tenemos que hacer presente un rostro distinto. Ten cuidado con aburguesarte. Si nadie te cuestiona y le pareces normal a los demás, pregúntate qué estás haciendo mal que te ha llevado a mimetizarte con la realidad que tenemos que transformar.”

¡Duro verdad! No sé si he sido todo lo fiel que quisiera a ese camino que me marcó la alianza. Tengo muy claro que el nada sin ti es infinitamente mayor que el nada sin mí. La Mater lo ha hecho casi todo. No ha sido fácil tratar de ser fiel a ese camino que marcó mi vida. Tampoco estoy claro que haya podido ser un rostro muy distinto y en alguna medida no haberme masificado. Pero ha sido la duda y el cuestionamiento que ha interpelado mi consciencia cada día, en estos 50 años.

Quizás, quienes han seguido mis columnas, ahora podrán comprender mejor las razones que han alimentado su contenido.

En este tránsito hay a tantos y tantos hermanos de comunidad a quienes mucho debo agradecer. A grandes Sacerdotes que marcaron y siguen marcando mi vida y porque son tantos y en mérito que la memoria deje alguno fuera, prefiero representar a todos en el querido cura Pancho García Huidobro, quien fue el que nos condujo a esta alianza. A hermanos de comunidad del glorioso grupo “Alborada 315”, al Grupo de la rama Matrimonial “Tierra de Encuentro” y a mi curso de la Federación de Familias “Fundamento de Vida Nueva”, con quienes caminamos juntos ya por 35 años. Sin duda alguna ustedes han marcado mi vida.

Al repasar cada momento de estos 50 años, al ver a mi gran familia ya con 44 años de existencia, mis hijos y mis nietos, mi camino profesional ya acercándome al ocaso de la vida, solo vienen sentimientos de una tremenda Gratitud a la Mater por haberme elegido para este camino. A nuestro Padre Kentenich por haberme mostrado esta forma de vivir la fe en Cristo. En definitiva, a cada uno de mis hermanos de Alianza y a quienes leen o  han leído mis columnas, para quienes tiene sentido escribir estas líneas, infinitas gracias.

Quisiera concluir parafraseando a Violeta Parra “Gracias a la Mater que me ha dado tanto”.

Comentarios
Total comentarios: 2
11/01/2017 - 18:07:29  
Gracias Patricio y Celeste:
Por el recorrido de Patricio y por la comprensión de Celeste que sugiere un recorrido similar. Cierto, hay una sola garantía a la constancia, al entusiasmo y a la Fidelidad en la Alianza: Ella, la madre del amor hermoso, la turbulencia que arrebata y nos lleva sin pausa al corazón del eterno Padre Dios. La Reina de apóstoles que en el Cenáculo, con suave violencia urgió a su Hijo a cumplir la promesa de enviar el Paráclito, continuador indispensable y conductor de la Alianza hasta inscribirnos en el corazón de Jesús.
Asumiendo lo dicho, Dios nos llamó a Schoenstatt para cosas grandes. la mediocridad, manos sucias y los deseos de aparentar, son la barrera inquebrantable que impide acelerar, el camino a las Nuevas Playas; a ser instumentos limpios con la sangre del cordero y realizar un Nuevo Pentecostés.
Convengo que la tarea es hermosa y da una buena razón para vivir, convocando a los llamados, el Santuario por si sólo a los otros puede hacer c
06/01/2017 - 00:48:25  
Muy bello y emocionante! Cada vivencia de Alianza es única y a la vez universal...Identificada rezo por uds y su familia, aliados en el camino de vida...Me llegó a lo más profundo de mi corazón! Y porque no 50 años más !!! Nada sin Ti, Nada sin nosotros! Mphc

Celeste
Argentina
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